martes 7 de julio de 2009

LA HUELLA IMBORRABLE DE QUIEN DESPARECIÓ POR UNOS OJOS AZULES

a
a

Tengo un recuerdo que no se me va de la cabeza. Es una imagen. Un niño y yo, jugando, aupados en una única bici, a la búsqueda de un tesoro desaparecido. La escena me viene nítida, aunque no distingo del todo bien los colores. Todo empezó por el Tío Román, que siempre fantaseaba con la búsqueda de un arca perdida, pequeña y brillante, expoliada en tiempos remotos y de valor incalculable. Nos hacía pasar horas investigando por los exteriores de su casa, entretenidos en nuestra heroica hazaña contra matorrales y empapados por la lluvia molesta, aunque, quizás, pienso ahora que con la intención de que le dejáramos en paz y con dedicación plena a su botella de ron. La verdad es que nos divertíamos mucho. Nunca encontrábamos nada que no fuera unas llaves perdidas o un bolso vacío.
a
a
a
De aquel niño tengo muchos recuerdos; se llamaba Jesús, era el primo de mi vecina, Merce. Me acuerdo de su voz de pito, de su hermano Pablo, de lo espartano que era subir los escalones de su casa, de que siempre iba en pantalones cortos y de que le chiflaban los polos de limón. Pero mi mejor recuerdo viene del día en que encontramos el tesoro, así lo denominó mi tío. En realidad, no sabíamos lo que era. Un maletín lleno de papeles que no valían para nada, eso era lo que pensamos. El Tío Román nos dijo que no era el arca perdida, pero que, sin duda, era un tesoro en toda regla. Por lo visto, le dio para comprarse una casa en la playa. Mi tío era muy listo. De un montón de papeles y papeles, hacía unas llamadas - conocía a mucha gente-, y convertía el maletín en pasta gansa, fresca y libre de impuestos, como decía mi hermano Jaime. Yo quería ser como él de mayor. Y nunca se me olvidará la cara que puso al comprobar el contenido de esos papeles.

a

a

Pero hay una cosa que no recuerdo. Mi amigo, ¿cómo se apellidaba?, ¿dónde podría localizarle?. En realidad, creo que no le volví a ver jamás. Todo fue por unas fotos, de una niña que nos pareció guapísima. Aparecieron en el maletín. Sus ojos azules nos cautivaron y Jesús me quitó los retratos de la mano. Me dijo: "me tengo que casar con ella".

a

a

Esa niña se llamaba Rebeca, Rebeca Simarro. Lo supe unos años después, cuando la vi ganar un concurso de belleza por la televisión. Se me ocurrió que si la buscaba a ella, quizás podía encontrarle a él. Desde aquellas fotos no sé nada de mi amigo, le imagino ahora muy atractivo y siempre supe que conseguía lo que se proponía. Me encantaría saber de ese niño que desapareció embelesado por unos ojos azules. En algún momento, pienso si yo era incompatible en su camino, pero desapareció con aquellas fotos dejando una importante huella en mi recuerdo. Vivía con la sensación de que encontró a aquella mujer. Cuando se marchaba, me dijo, mirándome fijamente a los ojos: "recuerda, no hables de esto a nadie, eres mi mejor amigo".

a

a

Han pasado años de aquel suceso. La verdad es que logré encontrar a Rebeca Simarro en la red. Y conseguí que contestara a mi pregunta. No conocía a ningún Jesús. Me quedé con una importante duda sabiendo que mi amigo podría estar deambulando por el centro de Madrid sin que nos reconociéramos cuando nos viésemos. Alguna mujer le habrá perdido, creo que vivía con ese sino. Esté donde esté, sé que algún día le daré un abrazo, intenso y cargado de emociones. Con él cerraré el círculo de las dudas que todavía tengo. Si me lees, recoge ya ese abrazo y espera a que nos encontremos. Los amigos de la infancia dejan una huella imborrable.

sábado 23 de mayo de 2009

EXTRACTO DE MI PROYECTO "ZABALETA"


La causa de que Zabaleta ya se hubiera dirigido por su cuenta a la consulta del Doctor León en este hospital era la de que, tras un verano de 1991, de intensas hermandades con el ácido lisérgico, con lecturas de autores como Rimbaud, Baudelaire o Aldoux Husley -este último con un ensayo titulado Las Puertas de las Percepción, que decía en su epílogo que “Si las puertas de la percepción quedaran difuminadas, todo se mostraría al hombre tal cual es... infinito”-y bajo los acordes de Jimy Hendrix, Jim Morrison, Bob Marley o The Beatles–-, todo se vino abajo.
a

a
En el campo, con los amigos de su eterno barrio de Lavapiés, fusionando la extra percepción de los papeles secantes con las lecturas atormentadas de autores hipersensibles y pasionales, los sentimientos se exponenciaron hasta límites desconocidos para alcanzar un momento en que lo que era un orden o una ley natural, una comprensión absoluta, se convirtió en una caída hacia un abismo en el que nada cuadraba y todo carecía de sentido.

a

a

Las fantasías de un mundo utópico en el que las conciencias se bañaban de oníricas ilusiones y de viajes al interior para mostrar el lado amoroso del alma se contraponían con las realidades inequívocas del raciocinio y de todo lo que había estudiado, fruto de otras conciencias no conocedoras del subliminal mundo de las alteraciones de la percepción. El ácido lisérgico, y las pastillas de éxtasis antes, le habían llevado a creer que no tenía sentido nada de lo que estudiaba en otras lecturas paralelas esforzadas en desentrañar el lado oculto de los escondites del alma y que formaban parte de todos los estudios sociológicos de los que se había empapado en la Universidad.

a

a

Esa situación de confrontación de pensamientos daría lugar a una lucha interior que precipitaría hacia una derrota de todo dogmatismo y que daría lugar a que postulase en favor de la psicodelia y de la moralidad bajo otros cánones, los de la bondad y los de la belleza, embarcado en una visión filosófica nihilista que apenas creía en que la sociedad que le rodeaba había asumido una concepción pesimista del mundo y de la vida, por lo que había que ir contra ella, en una actitud más propia del distanciamiento que del combate.

a

a
Ahora, se encontraba con escritores como Husley, que se reunían con médicos para analizar el verdadero comportamiento de las drogas psicodélicas. Y descubría todo un mundo interior que no le habían enseñado los catedráticos y que se podría desenmascarar con una apertura de las puertas de la percepción, propiciada por un consumo controlado de sustancias psicotrópicas.

a

a

El mundo de los ideales de Weber, considerado el padre de la sociología moderna, en torno a las facetas racional y sentimental del ser humano, no era el mismo que el que estos escritores defendían con tanta literatura, y quienes habían sido, hasta entonces, unos desconocidos para él. Pero se parecía. Un mundo epicúreo se contraponía a una paralela visión del hombre como lobo para el hombre, que auspiciaba Hobbes y que ofrecía una visión de la sociedad que no se correspondía con la de Zabaleta. Él creía entender esta nueva concepción y se embriagaba de la poesía incomprendida de Rimbaud. Pero Husley le avisaba, al final de su libro, de los peligros acuciantes de una enfermedad llamada esquizofrenia derivados del uso incontrolado de estas sustancias. Entonces, se alertó.

a

a
Marchó a la biblioteca de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense y tomó personalmente un tratado sobre la esquizofrenia. Comprobó que determinados síntomas –falta de hilaridad en las conversaciones, sentimientos permanentes de miedo injustificado, alteraciones en el sueño, etc.- se habían apoderado de él. El libro corroboraba ese estado anímico que le había sobrevenido, tras un verano en el que todo parecía ser colorido y todas las ideas encajaban una detrás de la otra. Ahora, todo era confusión y sensación de angustia, de vivir incómodo. Y esos síntomas de esa enfermedad fatídica explicaban su situación presente.

a

a

La enfermedad, leía, tenía un alto componente genético. Y se acordaba de la experiencia de su tío paterno, el Tío Román, que acabó estrellando su coche por un precipicio después de que, tiempo atrás, se le hubiese diagnosticado la misma enfermedad crónica que ahora tenía enfrente, plasmada en un tratado. Comprendía entonces que ese mal le había alcanzado, pero leía que existía un efectivo tratamiento médico para controlar sus efectos. Y pensó, entonces, en acudir a un psiquiatra.

a

a
Por un motivo del seguro que tenían concertado en la familia, Zabaleta se puso en contacto con la secretaria del Hospital Psiquiátrico Nuestra Señora de la Paz, y ésta le citó para el Doctor León. Por entonces, el doctor le diagnosticó una pequeña crisis de ansiedad y le habló de que ello era frecuente en determinados momentos del desarrollo, en la época de la adolescencia y la juventud, aunque también pudiera darse en edades más avanzadas, como la suya, y que también tendría su peso relativo el hecho de que hubiese consumido ácido lisérgico en repetidas ocasiones, lo que Zabaleta le había confesado. Pero le remarcó que no debía de alarmarse tanto y menos consultar por sí solo lecturas de las que él no era experto y que sólo le confundirían más. Le recetó Lexatin, un ansiolítico que le calmaría y que debería consumir todas las noches y mañanas de los siguientes seis meses.

lunes 11 de mayo de 2009

DE CUANDO TOMÓ CONCIENCIA DE SÍ MISMA, FRENTE AL ATOMIUM


Una de mis mejores amigas me contó lo que le sucedió un lunes de enero, en Bruselas, el día en que tomó conciencia de sí misma. Se encontraba contemplando la maravillosa y enorme estructura del Atomium, cuando su cabeza se reorganizó suavemente y llegó a comprenderlo todo. Sucedió durante una mañana en la que nada de lo demás le importaba en absoluto. Sólo quería pensar en la noche del sábado, llena de altas pasiones, de lujuria, de descarnada irradiación de sentimientos, de juegos prohibidos. Entendió que el orden y la estabilidad del átomo no se reñían con la multiforme pasión, llena de tonalidades y descaradamente atractiva. Tomó conciencia de sí misma cuando aunó la estabilidad del átomo con las disparatadas formas que la pasión podía adquirir, y comprendió que había alcanzado un estadio superior.
a
a
a
a
Se marchó de allí feliz, con un paso aún más firme. Sabía que había alcanzado un nuevo escalón en la pendiente de la vida. Las sensaciones extremas a las que había llegado le otorgaban credibilidad a todo. Todo tenía sentido ese lunes, cuando unos días antes todo carecía de ello. Por la noche, volvería a Madrid con la sensación de haber aprendido mucho con su viaje. Su compañero había vuelto un día antes. Cuando le encontró, se sintió más cerca de él. Comprendió que no había nada que esconderle, que vivirían juntamente las mismas emociones, que se habían unido en la incansable búsqueda de la felicidad. Ya no había nada que temer.

viernes 24 de abril de 2009

LA MÚSICA DEL VIERNES ANIMA A LAS FIERAS



Se me cae la casa encima y me levanto con energía. El viernes comienza con un manotazo al despertador y el ánimo descansado. Después de vestirme, me asomo al patio de mi corrala y el cielo azul pálido preside la escena. Atrás dejo la casa que se me cae, con un paso decidido. He optado por un paseo vespertino que sustituya a la bici que luego, por ser viernes, se pueda convertir en un estorbo. La gente pasea contenta y sin prisas. Parece que la crisis les anima a salir y a olvidarse de toda penuria. Las recientes lluvias han provocado unas sonrisas soleadas. Hay calma, y alegría. Yo, que leí un artículo ayer que me envió una bloggera respetada sobre el slow down, me dejaba llevar por las calles haciendo del presente el momento más mágico de mi vida. La Plaza de Cibeles, efervescente. El ánimo primaveral y las arboledas del Prado, una bella postal. Pero llega el momento de entrar en la oficina.
a
a
a
a
a
Desde ella escribo ahora y pienso en todo lo que existe fuera de esta sala pálida en la que las teclas de los ordenadores y los teléfonos ignorados suenan como una triste melodía de una película amarga. Me quedo con la idea de que pronto abandonaré este edificio en el que sus almas están abatidas y deseosas de abandonarlo, con la lástima de que por poco tiempo y sin ninguna intención vacacional. Sólo quiero acordarme de una cosa; que el tiempo del que ahora dispongo sea intenso y no se me escape de las manos, que me cundan las emociones y que olvide que mi casa se me cae, que continúe levantándome con el ánimo positivo, y que llegue el lunes aquí otra vez habiendo disfrutado de una nueva aventura, una sensación dulce que recordar en los momentos más grises, con la confianza de que la semana se hace llevadera. En breve, estaremos tomando unas cañas haciendo también mágico ese momento. Dejaremos de ser fieras en una jaula informatizada en la que vuelan los papeles. Así es la sociedad que nos ha tocado vivir. Que gocéis y gocéis.

martes 21 de abril de 2009

MICRORRELATOS DE LA SER: TENSIÓN CLÍNICA



Luego se fue corriendo. No quiso saber más. Ni siquiera miró hacia atrás. Corrió hacia el precipicio y se paró de súbito frente al abismo. Se quedó pensativa, meditando la contestación escuchada. Él corrió detrás, unos segundos después, gritando su nombre. El eco retumbaba a las mismas aves. Finalmente se abalanzó al infinito. Desde entonces, él quedó sordo, continúa favorablemente con el tratamiento y cada dos por tres grita el nombre de esa chica. No conoce a nadie. Ella se enganchó a un árbol y se salvó. Está afuera esperándole. “Dígale que pase”, le dije, esperando un revulsivo en el enfermo.








"Luego se fue corriendo". Así debe empezar vuestro microrrelato, por si os apetece concursar. Recordar: máximo 100 palabras sin contar la frase inicial. Vuelvo a dejaros el link. Besos y abrazos con olor a primavera!!

lunes 20 de abril de 2009

SE ME CAE LA CASA ENCIMA



Martes por la mañana, en la oficina. Una llamada del Administrador de Fincas al móvil. Recuerdo fugazmente mis obligaciones como Presidente de la Comunidad de Vecinos, que no puedo eludir. La misma voz de siempre, enfatizando sobre cualquier asunto que se precie, la de la secretaria triste. Me dice que por fin llegarán al día siguiente los arquitectos que se enfrentarán a los problemas derivados de las vigas de mi edificio, de 1861, por supuesto de madera y carcomidas por las destructoras aguas de los cuartos húmedos. Me alegra saber que por fin se ponen manos a la obra y que se acabaron aquellos sueños atroces en los que me despertaba como polizón en la cama del vecino de abajo rodeado de cascotes. Pienso que por fin las cosas se hacen bien.




a
Al día siguiente, me quedo a esperar a los arquitectos. Deciden que mi casa hay que apuntalarla, el baño y la cocina. La nevera no deberá estar en su sitio. La cocina se desmontará en su día y probablemente en el empeño se estropee y tenga que aparecer reflejada en la factura comunitaria como otro gasto aparte. Habrá que hacer una cocina y un baño nuevo, prácticamente nuevas tres plantas del edificio. Habré de mover todo el contenido de mi casa y arremolinarlo en huecos y rincones. Mi ánimo de supervivencia derrota al de la pereza.
a



a


Ya no era sólo el temor de que la casa del tercero se abalanzase sobre la del segundo y ésta sobre la mía. También el techo de la que tengo debajo cede y sus vigas de madera se deshacen con las manos. Me había alegrado el día anterior de que por fin se pusiesen manos a la obra, pero ahora me entra el agobio de pensar que tarde o temprano me tengo que marchar. Lo peor de todo, que deberán ponerse de acuerdo todos los vecinos en lo que a presupuestos se refiere. Y esto puede conllevar mucho tiempo, mientras mi rumbo itinerante por la ciudad se llegue hasta asfixiar. Manos a la obra, a ponerse las pilas. Me llama la atención que no me derrumbo, a diferencia de mi querida casa, que hasta me pone la idea de una nueva vida en la que se sucedan las aventuras con el ánimo de querer estar vivo y despierto. Dormiré un día en un sitio y otro día en otro, qué problema hay, pienso.
a


a
Desde entonces se suceden en mi vida las duchas en casa del colega, las comilonas como antaño en casa de mi ex, las lavadoras en casa de una y las siestas en casa del otro... Todo el mundo se presta a ayudarte. Oye, que si necesitas cualquier cosa, te pongo una lavadora. Te dejo una llave, vente cuando quieras. Me levanté el otro día de resaca, después de una noche en que el carraspeo de la nevera en mi oreja se había apoderado de mi sueño y la casa se me había caído encima, casi literalmente. ¿Dónde comeré hoy?, ¿dónde me ducharé? Era como si me hubieran dado con un mazo en la cabeza.
a



a
Luego agarré una balleta y la pasé por la cocina. Y me aferré entre los dos puntales del baño para lavarme las manos o sentarme en el váter. Me dije, ¡si puedo seguir viviendo aquí! Y continué sabiendo que mi habitación seguiría siendo mi casa, que aún no tenía ganas de marcharme, aun sabiendo que pronto mi rumbo itinerante me llevaría a una casa y luego a otra. Aprovecho para decirte que probablemente en la tuya me asiente unos días. No quiero molestaros mucho, pero prefiero hacerlo un poquito a todos, para que no se note tanto. Intentaré dejarme aparcadas en esta casa que se cae mis más maniáticas manías.



a

martes 24 de marzo de 2009

LOS VERSOS QUE GUSTAVO SIEMPRE QUERRÁ RECORDAR




Hacía mucho tiempo que no sabía de él. Tanto tiempo... No me había necesitado, por lo que no había sentido la necesidad de reencontrármele. Gustavo había marchado lejos fruto de una necesidad vital de reorganizar sus ideas, de amoldarse la cabeza, y se había marchado a la montaña. Desde allí escribía cartas y más cartas, las cuales nunca llegaban a sus destinatarios. Las releía una y otra vez, y volvía a escribir otras nuevas, dirigidas a unas y a otros. No hablaba con nadie desde hacía varias semanas, nadie sabía exactamente dónde estaba.






El jaleo que tenía en su cabeza estaba adquiriendo una forma determinada, aunque quizás el resultado tuviera una forma de vacío inesperado, nada que ver con lo que hubiera deseado. El minutero de la vida giraba y giraba mientras nada de lo que vivía conseguía llenar ese vacío. En un pueblo perdido tomaba té y hacía un gurruño del papel que escribía con borrones. Después de tanto tiempo en que no me había necesitado, decidía ahora llamarme, y bajo nuestro código telepático entendía la urgencia de mi presencia y me plantaba en aquel valle asturiano, pidiéndole si me dejaba leer el papel engurruñado.








- ¿A quién se lo diriges, Gustavo? - le pregunté.
a
- A la Lucy, Abismo, ya sabes.
a
- ¿Qué te ocurre ahora con ella? -le pregunté, a pesar de que lo sabía todo.


a
- Me vine al campo, a meditar, a saber lo que realmente quería, a conocer la salud de mi enamoramiento por ella.

a
- Inteligente decisión -le apunté. ¿Y descubriste algo nuevo?

a
Se quedó pensativo unos instantes.

a
- Sí -hizo una breve pausa-. Quizás -añadió.

a
- Cuéntame, Gustavo, cuéntame.
a
a

Gustavo se acomodó en la silla, miró a lo alto y empezó a hablar pausadamente.

a
- Hay días en los que me levanto contento - explicó-. Me dirijo temprano a ayudar a mis vecinos a ordeñar las vacas. Voy feliz a hacerlo. Hablo con ellos y no me acuerdo de nada más, no me aqueja ningún problema, me siento bien conmigo mismo, sonrío a todo lo que me ocurre. Pero, de pronto, se me queda la mente en blanco y me echo las manos a la cabeza. Empiezo a echarla de menos, mucho, la imagino mimosa tumbada conmigo en el sofá, rebosante de ternura, cariñosa, compartiendo una cena conmigo. Mis vecinos me preguntan si me pasa algo y no les contesto nada, me quedo como ausente. Después vengo a esta mesa, tomo un papel y un bolígrafo, y escribo todo lo que siento por ella, descargo todos mis pensamientos en el papel y encuentro un alivio con ello. Pero al final, no me queda claro nada, me invade la confusión. Destruyo el papel y me voy al bar, con cierta agitación. Allí no me acuerdo de ella, en absoluto, me río, charlo con todo el mundo, me siento libre y despreocupado. Con la resaca del día siguiente, a pesar de todo, me levanto contento y me voy de nuevo a ordeñar las vacas. El acontecimiento se vuelve a repetir.

a
- Prueba a no ir al bar -le dije.

a
- A veces necesito no pensar en nada, vivir el momento nada más, evadirme de lo que me aqueja, disfrutar despreocupado con las conversaciones de la gente, parece que necesito hacerlo, Abismo.

a
- ¿Y por qué te has venido tan lejos? -le pregunté.

a
- Porque aquí me doy cuenta si de verdad la necesito o si todo es fruto de un capricho, y aquí no la tengo cerca para estar dándola mimos un día y mareándola al día siguiente. Aquí descubriré cuánto hay de real en mi enamoramiento.

a
- ¿Y cuánto crees que hay de irreal?

a
- Mucho. Acabo de romper la carta que le escribía. Me acabo de dar cuenta otra vez que no. Pienso ahora en todo lo que dudaba cuando estaba con ella, la imagino comportándose de la misma manera conmigo, cuando se ponía histérica y perdía los estribos fruto de sus manías. Imagino de nuevo volver a lo mismo, y no quiero.

a
- Y ese poco, ¿a qué se refiere?

a
- No sé. Cuando estaba esta mañana ordeñando a las vacas... No sé. Me viene a la cabeza la idea de hacer un hogar con ella, un hogar cálido, con niños, con amor, me imagino viviendo feliz con ella.

a
- Continúa unos días más en este pueblo -le dije-. Pero no vayas tanto a los bares. No hagas un gurruño del papel cuando pienses haber terminado de escribir. Guarda el papel junto a los demás. Y no los releas hasta pasado un tiempo. En vez de ir al bar, escribe sobre tus momentos de despreocupación, frivolidad y libertad. Cuando hayas hecho esto durante varias semanas, vendré a verte nuevamente. Sabrás decirme qué decisión has tomado y tu vacío se habrá llenado con el poso de haber elegido en la vida lo que realmente querías. No te preocupes, el tiempo te dará la clave.






Gustavo se levantó de la silla, deambuló por la habitación de un lado para otro y finalmente me dijo:
a
- Gracias, Abismo. Continuaré escribiendo cartas de amor que no llegarán a su destino, continuaré madurando mis ideas, continuaré en este pueblo hasta que me dé cuenta de todo. Pero ahora, me apetece escribir algo.
a
- Hazlo, le dije, no lo dudes.
a
- Hazme un favor, Abismo.
a
- El que quieras, ya lo sabes.
a
- Voy a escribir una poesía - me dijo- y quiero que me la guardes, que la tengas para siempre guardada, que me la recuerdes cuando más lo necesite.
a
- Adelante -le dije.
a
Gustavo tomó otro papel y empezó a escribir de carrerilla:
a
"Fin de un romance largo.
Transición hacia no sé bien dónde.
Me quedo desnudo y libre de cargas, ligero como un avión de cartulina.
Mis alas siguen intactas, desean abrirse con elegancia.
Retornará la pasión y lo emocionante en el momento menos esperado
mientras continuaré mi camino alejándome de su espesura.
Sólo así me sentiré libre y despierto.
a
Un nuevo camino se abre.
Se acabaron las postales en torno a la ermita
y la luna llena ya no será lo mismo,
el cariño oriundo de un valle acogedor,
la fe depositada en un futuro nunca existente
los besos salados y las lágrimas esparcidas por la piel que te abrazaba como una rosca.
a
Se acaba un romance largo
Ella se divierte
Yo... hago lo mismo
¿Qué siento?, me pregunto reiteradamente.
Preparo mi vuelo no sé bien hacia dónde
cierro mis ojos y sonrío al sol placentero
Es primavera, pienso.
La libertad me regalará los mejores momentos"
A
- Guárdalo -me dijo seriamente.
a
- Bonitos versos. No los olvides -le dije, con cierta ternura.
a
- Te los doy para que siempre me los puedas recordar. No quiero socavarme bajo tierra en los momentos bajos con ideas sobre el amor que pudo o que no pudo ser, no quiero hundirme creyendo ideas equívocas que me consideren desdichado. Quiero que esta poesía me recuerde siempre que soy un ser libre, que nunca más me enrredaré en histéricas discusiones sin sentido, que nunca pensaré que estuve equivocado, que la libertad es el don más grande que tenemos. Quiero que siempre me recuerdes que mi camino habrá quedado para siempre libre de estupideces y de tonterías, que mi camino estará siempre abierto a las emociones de verdad.
a
- Lo haré, Gustavo.
a
Y me marché de súbito, con el papel de la poesía en la mano. Pensé que sería el antídoto contra sus momentos de flaqueza. No necesitaba estar más allí. Su mensaje era esperanzador. La libertad sería su arma infalible contra toda queja vital. Al verle así, sentí que se estaba curando, que adquiría armas para seguir adelante. Sus ojos me habían enseñado que no se había dormido, que continuaba luchando. Quedaba claro que no había futuro con la Lucy. También que Gustavo se iría encontrando mejor, poco a poco.
a
a
a

A los diez días de aquel encuentro, Gustavo retornó a la ciudad. Había repuesto sus fuerzas; sus alas aleteaban con más virulencia. Durante un tiempo no me llamó. No volvería a tener ninguna duda sentimental hasta pasado un tiempo. Pero eso ya es otra historia. Llegaron tiempos de calma, de cierta estabilidad emocional. Por el momento, vivía frenéticamente y no me necesitaba. Se sentía feliz, en calma.

miércoles 11 de marzo de 2009

ALEJARSE DE LA CERCANÍA



Me senté sobre el césped del Retiro, a medio camino entre el sol y la sombra sobre una zona diáfana, quedando atrás el estanque de las barcas. Abrí mi libro y me dejé escurrir por entre los pensamientos concentrados al sonido de las notas musicales de una animada sesión de Radio 3. El día era fantástico, primaveral y soleado, la gente parecía alegre y los niños canturreaban. La luna, enorme, estaba a un día de ser llena y se contorneaba magnífica en el cielo azul emborronado por las blancas nubes que hacían unos extraños dibujos. No faltaba una ligera brisa que se agradecía.




El libro era todo un abandono de este mundo real y una barca con la que navegar sobre fantasías encrespadas. La sensación de ausencia era excepcional, la música lo embriagaba todo y las veredas y los rincones por los que me introducía me producían vibrantes situaciones en las que me disfrazaba de personaje ficticio reviviendo las ambigüedades y los anhelos de individuos lejanos, tanto en el espacio como en el tiempo. Me dejaba llevar por el magnetismo literario y musical para llegar a un estadio en el que lo revivido nada tenía que ver con el lugar en el que me encontraba, tampoco con la dimensión del tiempo en general. Era como si éste se hubiera parado. Ningún vínculo me conectaba con la realidad de estar tumbado junto a unos franceses que se deleitaban mostrándose rosados y semidesnudos con nuestro generoso sol ibérico y gratuito, ni tampoco junto a los niños despreocupados que circulaban en pandilla buscándose unos a otros.




Mi realidad era otra cuando la música tornó a una voz radiofónica y yo terminaba el capítulo. Entonces cerré el libro y después los ojos, y me imaginé transitando por mi ciudad de un lado a otro, plenamente enclaustrado y circunscrito a un punto geográfico muy concreto y limitado, centrípeto, alejado del fragoroso y candente mundo en el que hervía un burbujoso caldo de vivencias y de emociones, me vi pequeño, reducido y limitado. Me imaginaba sumergido por las calles de mi ciudad como si no hubiera salido de ella, en primer plano, como si fuera todo lo que conociera, lo único que me importase. Era una ciudad áspera, fría y muy distante, enemiga.




Entonces realicé un ejercicio de alejamiento. Me imaginé a cinco mil kilómetros de mi ciudad. Imaginé a ésta desde una perspectiva lejana, la imaginé pequeña, circunscrita, alejada e ínfima. La sentía totalmente accesible, los problemas los podía singularizar y me parecían fútiles. Me sentí libre viéndome marchar a mis anchas por mi ciudad, por esa ciudad pequeña que veía desde arriba, desde lejos. No era una ciudad prohibitiva, la imaginaba mansa, accesible, hospitalaria.



Entonces me acordé de cuando uno está tan lejos de casa, cuando uno consigue ver sus problemas desde otra perspectiva, parece como si pudieras contenerlos con las palmas de las manos, y entonces en ellas parece como si los pudieses controlar y domesticar, moldear, y sin embargo cuando estás dentro del problema, éste se convierte en un abismo en el que desperdicias tus fuerzas como si en un bucle perpetuo te encontrases. Volví a los pensamientos sobre mí en primer plano, me acerqué a mi mundo. Ocurría que había vuelto de un viaje por el espacio y por el tiempo y mi ciudad me parecía agresiva. Me marché de nuevo y cuando volví me movía a mis anchas. Ya nada era problema. En mis manos albergaba todo el conjunto y con mi actitud positiva, ahora, resolvía todo abiertamente. Me marché del Retiro pensando en el fabuloso poder de la litaratura, de la música y de los viajes. Ahora, que continúo deambulando por un mundo ínfimo, sigo pensando en lanzarme a otro abismo, quizás más lejano.

lunes 2 de marzo de 2009

MIRADAS DE AYER: DE DENVER A CALIFORNIA
















sábado 28 de febrero de 2009

BLUE MOON... UNA SENSACIÓN


El Loco se despertó de súbito en la India abandonando una pesadilla en la que volaba arrastrado por la corriente. La ventana estaba abierta, aún era de noche. Un halo de luz tenue entraba oblicuamente, escurriéndose por el pasillo. Acudió a la ventana y observó una extraña luna azul, omnipresente y obscena, todopoderosa, que atraía a su mirada abducida. La luna parecía sonreír abiertamente y parecía comunicarse con señas. Sólo el ruido del viento intermediaba entre el Loco y la luna. Fueron unos minutos incalculables, inescrutables, antes de que el sol empezase a despuntar...







...El amanecer emborronaba la huella de la luna en el cielo, poco a poco. Pero la luna se despedía de el Loco, con un gesto, procurándole una sensación. Recibía la emoción como las notas acompasadas de una bella canción, germinando en él una sensación de felicidad etérea y eterna que le transportaba por todos los poros de la piel un vibrante estado de química en acción, y con esa emoción adherida despedía la escena con una ancha sonrisa y abandonaba el marco de la ventana con el anhelo de seguir sonriendo a la vida, encendiéndose un cigarro que evocaba verdes esperanzas, no sin un cierto deje histriónico.







El Loco vagaba feliz por un mundo en constante cambio, al que se adaptaba camaleónicamente con alegría, pacíficamente, y se dejaba llevar por la crecida del río de la ciudad, cabalgando al paso por las calles que despertaban en él los estímulos que le mantenían vivo, galopando cuando las sensaciones fuertes se apoderaban de la escena en la que compartía una cerveza con su colega del alma y los vientos enloquecían y embravecían las aguas, siempre con una sonrisa en la boca después de la satisfacción de haber salido ileso. La idea de lucha, de pelear por unos ideales, por una justicia inalcanzable, de correr delante de la policía como un peligroso alterador del orden público, de evadir las leyes a doscientos por hora de Vitoria a Bilbao a la espalda de un alma vendida al diablo, dejando florecer sus nervios como relámpagos en el momento más inesperado, haciendo perenne su inconstancia después, reviviendo las idas y las venidas, y las contradicciones, de su padre... todo ello desaparecía cuando la emoción que la luna azul le había transmitido esa noche mágica en la India reaparecía en cualquier situación en la que se encontrase. Ningún mal le atemorizaba ahora, nada que no tuviese solución podía contra él, nada podía contra el antídoto que la lección de la luna azul le había dado para siempre.





Nota: Hay quienes piensan que la "Blue moon" es una sensación que provoca la segunda luna llena del mismo mes, y que se reduce a una sensación de felicidad eterna y despreocupada en la que nada es necesario y en la que reina el buen rollo y la humanidad propia de los rastafaris. El fenómeno ocurre aproximadamente cada dos años y medio, aunque entre enero y marzo de 1999, mucho más excepcionalmente, ocurrieron dos lunas azules, con un mes de febrero en el que no hubo ninguna luna llena. Esta sensación, dicen los rastafaris, una vez que se experimenta, se lleva adherida para toda la vida, contra todo mal. Anunciamos a través de este blog que la siguiente "Blue Moon" será la Nochevieja próxima, ¡toma ya! Os paso, de paso, un calendario lunar del 2009. Desde el miércoles pasado, la luna crece y crece hasta la siguente luna llena del 11-M, mmm